
Es increíble, como nos puede cambiar la vida en un segundo, sin pensarlo, sin planearlo, sin esperarlo, pero de repente, pasa algo en tu vida que cambia el transcurso de la misma.
Y tú piensas, que hubiese pasado de no haber hecho eso.
Tomar decisiones, acertadas o desacertadas, nunca ha sido tarea fácil, y jamás nadie ha dicho que tuviese que serlo, pero muchas veces el tomar o no dicha decisión, puede ser la finísima línea imaginaria que separe la felicidad de la no felicidad (ya que infidelidad para mi significa algo muy diferente), la monotonía del cambio de vida, el vivir del estar muerto en vida.
Pero también es verdad que muchas veces tenemos miedo a ese cambio que se puede producir en décimas de segundo, propiciado por las acciones derivadas de nuestras decisiones, bien o mal llevadas, y preferimos seguir viviendo en nuestra vida monótona, insulsa y aburrida que abrirle las puertas a lo que podría ser un nuevo cambio de vida, pues como dice un antiguo refrán, mas vale lo malo conocido, pero quien nos asegura que lo que estamos a punto de conocer sea malo, o que nuestra vida pasada siempre fue mejor que aquello que nos tenga que venir.
Aún así prefiero arrepentirme de lo que no he hecho en la vida, y no de lo que he hecho..