viernes, 3 de septiembre de 2010

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Cansada.
Quizás esa sea la palabra adecuada.
No se sangra, no se siente. Sólo te acontece el desgaste que aprecias cuando ya es demasiado tarde.
Cansada.
De miradas, de señales.
De noches vacías, de tardes demasiado llenas.
Cansada de suspiros que pasan por alto a mi alrededor, de gritos ahogados que escapan entre mis dedos y se disuelven en el infausto oxígeno que quema mis pulmones.
De enamorarme y de amigarme.
De hacer lo opuesto.
Cansada de personas, de sitios, de hechos, de frases.
Sin sentimientos, sin ilusiones.
Cansada de no poder expresar lo que siento, de escribir tan solo frases vacías que no superan las cuatro palabras.
Sin razón, sin sentimiento.
Cansada de pensar, de ser.
Y me escapo, me evado de la realidad.
La invento y la modifico a mi parecer.
Volver a empezar, otra vez. Desde cero.
Cambiar de aire, sólo del que respiro.
Dejar de pensar, de reflexionar sobre cuestiones absurdas que me plantea la cara B de la cinta.
Besar, abrazar.
Volver a expermientar qué se siente cuando echas de menos y cuando echas de más.

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