Te han vencido las líneas de otro amanecer,
al confundir los rostros de los que van y vienen.
Te soterran las prisas, las angustias mortales
y las salas de espera, el cansino existir cuando ya nada importa y ya a nada sabe el hecho de vivir.
Y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita colillas machacadas y fuentes de cristal.
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