domingo, 7 de febrero de 2010

Desaparecer.


Aparece y desaparece. Aparece y desaparece.
Cómo el sonido de las agujas de un reloj.
Tic, desaparece, tac. Tic, desaparece, tac.

Desaparecer. Suena bien. Demasiado bien.
Huir. No huir de miedo de nada ni de nadie, ni por cualquier estúpida razón por la que esconderse.
Sino, tan sólo huir. Escapar. Irse lejos. Perderse. DESAPARECER.

Dejar de ser quién eres o quién se supone que tienes que ser. Poder inventar una vida nueva, crearla. A tu manera.
Poder andar por la ciudad sin ser nadie. Ser un desconocido para el mundo. No pertenecer a ningún lado. No ser de ninguna parte. Ser sólo tú. Puff… suena demasiado bien.

Me gusta perderme. Cuando te pierdas las cosas son mejores. Sabes que sólo estás tú y eso hace sentirte mejor.
Cuando te pierdes y nadie sabe quién eres realmente puede crear tu propio destino, tu propia casualidad.
Sí, lo sé también puedes hacer eso sin perderte, pero es una sensación diferente a la que me refiero.
Una sensación de libertad. Pero no de la típica libertad, de poder hacer lo que uno quiere cuando quiere.
Sino una libertad misteriosa.
Con la que nunca sabes lo que te va a pasar..

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