sábado, 6 de febrero de 2010

No puedo.


No puedo controlar el vuelo..
Lo hago sin alas, huyendo con miedo de algo que ya olvidé,
pero que aún me persigue,
incansable.
No hay escondite, para los cuerpos momificados por el hastío de no despertar nunca.
No despertar para evitar vivir más allá de nuestras propias celdas inventadas.
Estoy condenada a levitar con el viento, a subir, a bajar,
sin superar nunca este vértigo a la altura,
el vértigo de desconocer mi destino,
el final de la caída...

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